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De como los Mondragón llegamos a Villahermosa Gloria Mondragón 7 Junio 2017 | de México a México

Mi familia es originaria de la capital de la República Mexicana y migró en 1996 a Villahermosa. Ésta es nuestra historia

El lugar de origen de mis padres era la Ciudad de México, en el año de 1996 se desplazaron a Villahermosa, Tabasco.

Decidieron trasladarse porque se les presentó una oportunidad de trabajo, y en búsqueda de mejores condiciones de vida.

El trabajo de mi papá en el Instituto Mexicano del Petróleo le ofreció cambiar su plaza a Villahermosa o darle su liquidación. Decidió junto con mi mamá emigrar a Villahermosa, a causa también de la inseguridad, y del estrés que esta provocaba en la Ciudad de México.

Mi papá viajó primero en avión para conseguir una casa donde vivir y acondicionarla. Dijo que le llamó mucho la atención el paisaje verde y tropical que se veía desde la ventanilla. Era un joven hombre de treinta y tres años con anhelos de construir un patrimonio propio, y deseoso de distanciarse de su familia extensa, con la cual congeniaba poco.

Mi mamá y mi hermana mayor, Lidia, de en ese entonces de cuatro años de edad, llegaron pocos meses después de manera relativamente tranquila. Por testimonio de mi hermana sé que el viaje fue muy similar a unas vacaciones; tanto que ella creyó que volverían pronto a la Ciudad de México.

El impacto de haber migrado fue grande, y extenso a través de los años.

Tanto mi mamá como Lidia quedaron nostálgicas de la Ciudad de México, al principio mi mamá buscó con gran insistencia hacerse amiga de familias oriundas de Tabasco para no sentirse sola. A causa de ésta desesperación en algunas ocasiones no observó con detenimiento con qué clase de gente se estaba relacionando. Afortunadamente no hubo incidentes mayores por eso.

Fue sano el efecto de distanciamiento de sus cuñadas y hermanos, cuyas relaciones se volvieron año con año más ríspidas. Pudo alejarse un poco de sus guerras verbales con mis abuelos también.

Lidia estuvo sola inicialmente, pero al no tener otros parientes en Villahermosa consiguió amistades excelentes, aunque nunca sintió Tabasco como su hogar, y retornó en verano del 2010 a la capital para estudiar medicina en el IPN. Siempre estuvo impactada de extrañar a nuestros abuelos paternos, quienes contribuyeron a su crianza hasta los cuatro años.

El impacto de la experiencia migratoria en mi papá fue muy singular. Hizo realidad su sueño de tener un terreno en una ranchería donde cosechar frutas, y logró estudiar por medio de Internet diferentes cursos de matemáticas, actividad que sostiene hasta la fecha.

En el año 2000 me tuvieron a mí. Mis padres dicen que hubiera sido muy complicado que yo naciera en la Ciudad de México, porque ahí mi papá no tenía suficientes ingresos y la situación no era óptima para que nuestra familia se desarrollara.

Otro impacto de esta migración para mí es mi mestizaje cultural e ideológico, aunque nací en Tabasco, en el sureste del país, tengo fisionomía de la capital y practico costumbres pertenecientes a la zona del Altiplano Central, y a pesar de que toda mi familia está en la Ciudad de México, comparto algunas de las ideas de la gente en Villahermosa. Lo más curioso es que hablo con acento tanto “chilango” como “choco”, pues mis parientes y amigos en la capital dicen que tengo acento tabasqueño, mientras que mis amistades en Villahermosa dicen que hablo como capitalina.

Crecí como una niña entre adultos, mis primos, tíos y abuelos me esperaban cada temporada vacacional en la gran ciudad. Al igual que mi hermana hice buenas amistades en el sureste, que me acompañan a falta de hermanos y primos en Villahermosa.

Algo muy triste del impacto de esta experiencia migratoria es que jamás he podido acompañar a mis seres queridos (abuelos y tíos abuelos) cuando están enfermos y por morir, porque estoy en Villahermosa y ellos en la Ciudad de México. El efecto final de esto ha sido la enseñanza de que nadie vive para siempre, y que cada vez que veo a un ser amado procuro quedar en buenos términos con él, para no sentir culpabilidad si muere antes de poder volverlo a ver.

Considero que la migración tiene efectos tanto positivos como negativos en la sociedad, positivos como la prosperidad económica y la realización del proyecto de vida, además del intercambio cultural y el aporte de talentos en los lugares de recepción, y negativos como el desarraigo, la desunificación familiar, el desempleo, y todas las condiciones de riesgo en el camino por el que pasan los migrantes como los abusos de poder y las extorsiones.

En conclusión, la migración en un fenómeno que ha acompañado al hombre desde el principio de su tiempo en la tierra, y lo mejor que podemos hacer es buscar sacarle el máximo provecho positivo y tratar de que las condiciones en las que se desenvuelve sean cada vez mejores. Es lo que trato de hacer cada año en el autobús Villahermosa- México y México- Villahermosa, saludando o despidiéndome de las luces en los cerros. Gracias.

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