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Un largo viaje sin fecha de retorno Vianey T. 3 noviembre 2016 | de México a Estados Unidos

Soy originaría de Toluca, estado de México, cuando mis padres se divorciaron yo tenía 8 años, y desde ese entonces viví y crecí en la Ciudad de México se podría decir que fue mi primer desplazamiento. Para mi cumpleaños numero 13, mi madre ya había rehecho su vida marital con otra persona y llevábamos 3 años de vivir como una familia. Entonces este señor tenía muchas deudas debido a que instaló una micro empresa y posteriormente cayó en banca rota. Él decidió irse en busca de una solución para su problema a Estados Unidos, pero mi mamá, a pesar de que tenía un trabajo estable y con un buen sueldo, no lo dejó ir solo, entonces, nos encargó a mis dos hermanos y a mi con mi abuela, ese fue el peor día de cumpleaños para mi, por que fue el día en que la vi partir. Mi madre nos mandaba dinero y nos llamaba por teléfono seguido, pero no era lo mismo que tenerla cerca, no hay cantidad de dinero que reemplace a una madre, entonces cuando yo tenía 19 años, mi abuelo y dos tíos iban a cruzar ilegalmente rumbo a los Estados Unidos para buscar empleo, y su destino de llegada era con mi mamá, por lo que mi hermana de 14 años y yo decidimos irnos con ellos. Este fue mi segundo desplazamiento, partimos a finales de agosto del año 2006. Nuestro primer viaje fue de la Ciudad de México hacia Reynosa Tamaulipas en autobús, llegamos a un hotel clandestino donde la planta baja era un tipo restaurante o fonda y arriba estaban los cuartos en la azotea como tipo vecindad. Al otro día en la tarde casi noche, pasó una camioneta por nosotros y otros huéspedes de ese “hotel”, en total eramos 7 personas. Esa camioneta nos llevó a la frontera a un lado del Río Bravo, donde nos encontramos con el guia (coyote) junto con otro grupo de personas, algunos emigrantes como nosotros y otros sus compañeros del guía. Entonces el guía nos dio instrucciones de seguirlo a paso firme y de hacerlo en silencio, caminamos mucho tiempo como 1 hora y de repente, nos encontramos con unos soldados del ejercito mexicano que nos detuvieron e interrogaron, siempre apuntándonos con sus armas, esto fue algo muy doloroso para mi hermana y otra muchacha que nos acompañaba en el grupo, por que se las llevaron para hacerles preguntas supuestamente, y como ya era de noche las metieron entre los arbustos y las comenzaron a manosear, tardamos como otra hora ahí hasta que les pidieron cooperación a todos para dejarnos ir, o sea un soborno. Después de este desagradable momento yo ya estaba espantada y me estaba arrepintiendo de mi decisión, pero no había opción tenía que seguir. seguimos caminando como otros 20 minutos, hasta donde había una entrada para el río, nos dijo el guía que nos quitáramos el pantalón para no mojarlo y lo metimos en bolsas de plástico igual la camisa, esto fue muy vergonzoso para mi hermana y para mi por que eramos solo 3 mujeres y la mayoría hombres, también por lo recién ocurrido con los del ejercito, sentíamos que perdíamos nuestra dignidad. Sin embargo, lo tuvimos que hacer ignorando las miradas de los demás y sabiendo que nuestros tíos y abuelo estaban con nosotros por cualquier cosa, pero aun así ¡que pena! no dejan de ser hombres. Bueno ahí ya nos estaban esperando otros señores con 3 balsas inflables tipo llanta (como las de las playas), donde los que sabían nadar tuvieron que ir enfrente y atras, sosteniendo, jalando y empujando las balsas; los que no sabían nadar iban en medio sosteniéndose y las mujeres íbamos arriba de éstas. Al legar a la orilla los hombres se adelantaron a vestirse y las mujeres nos quedamos un poco atras para lo mismo. Nos volvimos a reunir en grupo y de nuevo a caminar pero ahora entre muchas ramas y enredaderas entre espinas y caminos muy estrechos estuvimos así como 40 minutos cuando de repente el guía nos dijo que corriéramos de regreso y que nos escondiéramos o echáramos en la tierra. Yo me asuste muy feo y mi hermana también porque no sabíamos que pasaba, y cuando nos dimos cuenta se acercaron unos agentes de la frontera de migración de Estados Unidos, con lamparas que nos dejaban medio ciegos, gritando que saliéramos con las manos en la cabeza, entonces salimos poco a poco como pudimos todos arañados por las espinas de los matorrales y nos esposaron preguntándonos que hacíamos y quién era el líder, no delatamos al líder por miedo, posteriormente nos subieron a una camioneta y nos trasladaron a el centro de migración donde nos interrogaron de nuevo, nos tomaron huellas dactilares, foto y todos los datos personales. Estuvimos ahí todo lo que restaba de la noche, hasta la mañana siguiente nos llevaron a la frontera mexicana y nos dejaron ahí. Ya en el territorio mexicano, el grupo se separó, muchos se regresaron porque ya no tenían dinero ni ganas de pasar por lo mismo, otros se fueron con otras personas que ofrecían cruzarlos por menos dinero y mi abuelo nos dijo que nosotros nos quedaríamos con el guía ya que según era recomendado, entonces el guía hizo unas llamadas y como a la media hora llegó una camioneta por nosotros, para esto solo un muchacho de todo el grupo se quedo con nosotros y con el guía entonces eramos 6 en total. Esa camioneta nos llevo a una casa particular donde nos metieron en un cuarto muy reducido donde había un sillón y una camita portable. ahí muy incómodos estuvimos casi dos días, el guía se fue y nos quedamos con la familia que habitaba la casa, ellos nos dieron de comer, pero teníamos que pagarles para que lo hicieran. Después en la noche del segundo día llego otro guia diferente y de nuevo nos llevo rumbo a la travesía, donde esta vez no cruzamos por el río, sino por unos campos muy grandes, como tipo parques y por ranchos, estuvimos caminando aproximadamente dos o tres días, este guía llevaba galones de agua y nos dio una aspirina antes de emprender el camino, supuestamente para aguantar el viaje, todos nos la tomamos sin desconfiar no se porque. El guía llevaba un radio donde se comunicaba con otros que llevaban más grupos como nosotros y donde le indicaban por donde irse, en el camino desenterramos comida enlatada que otros habían dejado ahí antes y solo comíamos lo necesario para no detenernos mucho. Caminamos mucho, en el día nos deteníamos como dos o tres veces a descansar y en la noche como unas 4 o 5 veces 10 a 30 minutos, el ultimo día nos quedamos sin agua y tuvimos que tomar de unos ranchos agua estancada donde supuestamente bebían los animales, en donde había como unos molinos de viento. Al llegar a un camino pavimentado ya nos estaba esperando una camioneta en la nos subimos todos apretados, a mi me toco ir en el piso, en los asientos de enfrente, acostada y echa bolita toda mal acomodada, nunca voy a olvidar que el piso de la camioneta me quemaba horrible mis manos, mis brazos, mis piernas y todo el costado.Llegamos a una casa ya en Estados Unidos en Mcalla Texas, donde estuvimos lo que restaba del día y una parte de la noche, ahí no nos dieron comida y nos quitaron nuestras pertenencias nos dijeron que solo teníamos que llevar lo mínimo dejamos nuestra ropa y nos dijeron que el dinero lo escondiéramos en el pantalón en la costura de la cintura donde va el cinturón, después nos volvieron a recoger y nos llevaron a otra casa particular en Houston, donde nos dieron comida agua y nos dejaron bañar, ahí estuvimos en un sótano junto con otros grupos de inmigrantes de diferentes países, habían de Colombia, Honduras, Venezuela, El Salvador y de México como nosotros junto con el otro muchacho que ya decía que era nuestro primo. Esa fue la ultima casa del transcurso y de ahí todos se iban en grupos chicos cada 4 horas salían y a nosotros nos tocó hasta el final. Pasó por nosotros la última camioneta que nos trajo hasta Alabama donde nos reencontramos con mi mamá en una gasolinera. Lloramos de la emoción de estar juntos de nuevo.
Esta experiencia fue muy impactante en mi vida, siento que yo soy una persona antes del viaje y otra después del viaje y si me preguntan si lo volvería hacer, la verdad no, deje amigos, familia y pertenencias que ahora están perdidas. Y las cosas con mi madre fueron muy diferentes a como yo creía, esos 6 años perdidos nunca los recuperamos y con el tiempo me di cuenta que no la conocía y ella a nosotros ya no nos veía tanto como hijos, ella tuvo otros dos hijos antes de que llegáramos y tiene una manera muy distinta de pensar a la que yo creí. Con el tiempo me di cuenta que no valió la pena dejar mi país ni a mi gente. Un año después abandoné la casa para hacer mi propia familia, tengo 4 hijos y soy desempleada, me dedico a cuidar niños para obtener algo de dinero propio. Y aún no tengo fecha para regresar a México aunque me muero de ganas por volver, ya que aquí me siento aislada y no me logro acostumbrar ni a la gente ni a su cultura.
La migración tiene un efecto positivo o negativo depende el caso por el que emigres, como por ejemplo puede ser positivo si lo haces para cambiar tu manera de vivir por algún tipo de crisis en tu país o lugar de origen o si sabes 100 % que emigrando tendrás un mejor estilo de vida. Y puede ser negativo cuando lo haces sin pensar en las consecuencias y dejando todo sin saber si a donde llegas estarás mejor o no.

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